La caída del hombre

3: 1-24

Después de los seis días de la Creación el Señor Dios dijo que todo era muy bueno. Era un mundo perfecto. No había dolor, ni enfermedad, ni sufrimiento, ni la lucha por la supervivencia, no había pecado, y sobre todo no existía la muerte. Cómo cambió nuestro mundo. En el ámbito físico, todo se agota y se desgasta. En el mundo animal, cada animal, lucha contra otros animales y contra la enfermedad. En el ámbito espiritual, a las personas les resulta más fácil hacer el mal que hacer el bien, es más fácil pensar en uno mismo que en otros. Todos nosotros enfrentamos el proceso universal de la vejez y la muerte. El mundo está lleno de odio, crimen, guerra, contaminación, egoísmo, corrupción y toda clase de mal. Y si usted ha visto las noticias últimamente, las cosas se están poniendo peor, no mejor. Algo ha ido terriblemente mal en el mundo perfecto de Dios.

La existencia del mal en un mundo creado por un santo, amoroso Dios es el problema de los siglos. Si Dios es verdaderamente amoroso, santo y todopoderoso, ¿por qué permite semejante cosa? Tal vez aún más al punto, ¿cómo el mal nunca ha desaparecido completamente?

No hay respuestas fáciles a estas preguntas. El ateo resuelve el problema negando la existencia de Dios. El agnóstico resuelve el problema mediante la creencia de que estas cuestiones están fuera de nuestro alcance. El dualismo trata de resolver el problema proponiendo dos fuerzas opuestas eternas del universo, una buena y una mala. Pero estas respuestas no son escriturales ni tampoco satisfacen las necesidades del corazón humano. Dios es todo poderoso y él es justo. Sólo Su Palabra, por lo tanto, puede ayudar a entender el origen del mal en el mundo.

La única verdadera respuesta a este problema se encuentra aquí, en el tercer capítulo de Génesis. Pablo, en referencia a este capítulo, dijo:

Romanos 5:12 Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron...

Romanos 8:20-21: La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Antes de que un hombre pudiera traer el pecado al mundo, tendría que caer en la tentación. ¿Obedecer a Elohim, o seguir su propio camino? Cualquiera de nosotros que alguna vez ha tenido un sentimiento de culpa por algo que no debería haber hecho entenderá los acontecimientos de este capítulo. Tiene que ver con cómo el pecado entró en el mundo y arruinó el paraíso perfecto que Dios había dado en el jardín de Eden.53

 

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